Cuentos tan cortos que no aburren (1998)

Ricardo Martí

$ 12.00




PRESENTACIÓN DEL LIBRO CUENTOS TAN CORTOS QUE NO ABURREN, DE RICARDO MARTÍ, EL 14 DE MAYO DE 1998, EN LA LIBRERÍA CASTLE BOOKS DE SAN PATRICIO PLAZA.

            Buenas noches, amigos. Bienvenidos a la presentación del libro Cuentos tan cortos que no aburren, de Ricardo Martí Ruiz.

           ¿El escritos nace o se hace?

            Durante muchos siglos esta pregunta ha desatado grandes polémicas en el mundo del arte, y las opiniones difieren radicalmente. Los clásicos y los románticos –me refiero a los escritores románticos del siglo XIX, y no a los desempleados que hoy día ven telenovelas– pues los clásicos y romántico creían que el arte era resultado de un don divino, una musa coqueta y traviesa, un “no sé qué” que susurra al oído del escritor, quien luego escribe estas palabras casi como autómata.

            Al otro extremo están los que asumen la creación literaria desde una perspectiva casi artesanal. Como un oficio que se aprende, desarrolla y perfecciona. Es famosa la frase de algún escritor español, cuyo nombre ahora no recuerdo, que dijo que la literatura era 1% imaginación y 99% transpiración o sudor. Es decir, que el escritor no nace sino que se hace a sí mismo gracias al trabajo, al talento y a la perseverancia.

            El hecho de que yo lleve más de 15 dirigiendo talleres de cuento ya indica una toma de posición ante esta polémica. Si los escritores simplemente nacen, y no se hacen, ¿para qué harían falta los talleres de cuento? Evidentemente los talleres son un lugar para trabajar, pulir y, por supuesto, sudar.

            Ahora bien, ya se sabe que toda regla tiene su excepción. Aunque no creo que el escritor nace por combustión espontánea, debo confesar que cada tres o cuatro años aparece por mi taller de cuento un Ricardo Martí, quien no tengo duda alguna nació escritor.

            No tiene formación literaria profesional (es decir, no estudió literatura en la universidad). Y, según me ha dicho, tampoco ha leído mucha literatura, aunque sinceramente nunca le he creído mucho esto último. Creo que Ricardo es un lector de clóset… que por alguna razón siniestra se empeña en hacernos creer que no sabe mucho de literatura.

            ¿Nos está empaquetando? ¿Qué importa? Después de todo, los escritores somos eso mismo: embusteros profesionales.

            Lo importante es que el libro Cuentos tan cortos que no aburren se lee con gusto.

            Ricardo Martí maneja bien el arte de narrar. Pero el asunto no termina ahí. Podría ser un buen narrador pero no tener nada que decir. Ricardo, sin embargo, tiene mucho que decir, y lo está diciendo en un estilo nuevo, propio y poderoso. Esto es lo realmente importante. Lo que más llama la atención de este libro es la originalidad. El que quiera leer sobre los problemas de los jíbaros, sobre la pobreza de los arrabales, sobre la mujer oprimida, sobre la famosa alienación del hombre moderno o sobre alguno de los archi conocidos temas de la literatura puertorriqueña, no debe comprar este libro. Al que le gusten los editoriales, las moralejas y las grandes disquisiciones filosóficas, tampoco.

            Aquí nos encontramos con personajes nuevos. De una generación que, hasta ahora, no se había manifestado literariamente en Puerto Rico. Estos personajes hablan en su propio idioma y tienen sus propios problemas. Además, se mueven en un espacio físico que también es nuevo en la literatura puertorriqueña. En el cuento, “Conversación con Dios”, por ejemplo, el protagonista nos cuenta que encontró a Dios en Hielolandia, en la Avenida Piñeiro, y que Dios bebe cerveza Medalla. El cuento “Escrito por mi hermano gemelo…” transcurre en un crucero. “Buscando los trapos en el Penthouse” ocurre en un penthouses y en el ascensor.

            Incluso en el caso de cuentos que transcurren en ambientes más frecuentes en la literatura de Puerto Rico, Ricardo Martí crea una ambientación tan peculiar que nos parece estar en otro mundo. Así ocurre en una oficina y un apartamiento que evidentemente estaban en otra dimensión, en otro planeta y en otro tiempo… tal vez el futuro.

            Para escribir bien no basta escribir bien, si me perdonan lo que parece una redundancia. Para escribir bien es necesario ser original, ofrecerle al lector algo que no le parezca haber leído antes. Es decir, lo ideal es tener un tono diferente, un punto de vista especial y, en cierta medida, asombroso. Todos estos elementos le sobran a Ricardo Martí.

            Jorge Luis Borges decía que el escritor tenía que asombrar al lector, y Ricardo a mí me asombró cuando leí sus cuentos. Me asombró su capacidad para crear personajes originales e interesantes con muy pocas palabras. Me asombró el control con que cuenta sus historias, sin explicaciones excesivas. Y me asombraron, en especial, sus ocurrencias. Ya verán ustedes, al leer el libro, que es imposible hacerlo sin soltar alguna gran carcajada de vez en cuando. Y hay cuentos, como “Amor en el siglo veinte”, que son auténticas joyas del humor negro. 

            En fin, ¿el escritor nace o se hace? Ricardo Martí anota un punto a favor de los que dicen que el escritor nace. Pero, en realidad, no hay que tomar partido en este debate. Ambas creencias son compatibles. Algunos escritores nacen, otros se hacen. Pero todos tienen que aprender y pulirse. Ricardo ha comenzado, muy joven, una carrera que yo veo llegar lejos. Ha demostrado tener una visión del mundo atrayente y una imaginación feroz.

 

            Lo felicito.

            Muchas gracias. 

            Dr. Luis López Nieves


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